¿Por qué no hago controles ginecológicos «completos»?

Qué se hace en un control ginecológico parece obvio. Cuanto más estudios, mejor. ¿O no? Por más contraintuitivo que parezca, pedir más no es hacer mejor medicina ni tener mejores resultados. Pedir por las dudas, con listas extensas de estudios iguales para todas, a veces agrega más problemas de los que soluciona. Por eso, la idea de que un control es más completo cuando mayor cantidad de estudios se pidan está siendo cuestionada desde la medicina basada en la evidencia. Lo que importa es pedir lo que necesita cada persona. Te explico cómo lo hago en mi consultorio.

Cuando alguien llama a pedir turno, a veces la primera pregunta es cuánto sale el combo full gineco con ecografías, o si hacemos ecografía en el consultorio. Es una pregunta lógica: casi todos los centros ginecológicos venden eso, con nombres como «combo full gineco», «control full» o «pack completo». Pero que sea lo más común no significa que sea lo más útil.

A veces la persona llega con el combo ya elegido de antemano: quiere Pap, colposcopía y examen de flujo completo. Pero ¿cómo sabe que eso es lo que necesita, y no otra cosa? Puede estar pagando por un estudio que no le corresponde y dejando afuera uno que sí. Quien consulta no tiene por qué saber qué estudios necesita. Eso es exactamente nuestro trabajo.


Un estudio que no cambia la conducta, no tiene sentido pedirlo

Lo que pido en cada control es lo que realmente puede ayudar. Para eso nos sirve la medicina basada en la evidencia: si un estudio no va a cambiar lo que hacemos, no tiene sentido pedirlo.

Cuando empecé a trabajar, a fines de los 80, no había ecografía transvaginal. Existía la transabdominal, de uso muy restringido, a la que solo se accedía en casos particulares. En la guardia de obstetricia trabajábamos sin ella, y de ninguna manera era un estudio de rutina. Después se hizo más accesible y se empezó a incorporar: parece lógico que si ya hacemos el examen físico y podemos agregar una ecografía, mejor. Pero desde la evidencia, esa idea se empezó a cuestionar. No todo lo que parece de sentido común lo es.

Hoy sabemos que la ecografía transvaginal de rutina no previene el cáncer de endometrio ni de ovario. Y a cambio genera sobreintervenciones, diagnósticos que después no son nada y mucha angustia innecesaria. Lo mismo pasa con la ecografía mamaria pedida de rutina: no disminuye la mortalidad por cáncer de mama. Y con la colposcopía: durante muchos años se pedía con más frecuencia de la necesaria, y eso llevaba a biopsias y tratamientos innecesarios.

No es que estos estudios sean malos. Es que tienen una indicación precisa, y fuera de esa indicación hacen más daño que bien.

Además, pedir estudios sin indicación real tiene un costo concreto para la persona: hay que pedir turno, esperarlo, ir, someterse al estudio. Es una carga real que no siempre se tiene en cuenta. Y a veces ese tiempo y esa energía se gastan en estudios que no aportan nada, mientras se postergan los que sí sirven, como el Pap.


¿Qué se hace en un control ginecológico?

Cuando hablo de control, hablo de alguien que consulta sin que le esté pasando nada particular en ese momento, solo quiere hacer un control de prevención. En un control preventivo, en general, se trabaja sobre estos tres ejes:

1. Prevención de cáncer de cuello de útero El Pap se indica a partir de los tres años del inicio de la actividad sexual, independientemente del tipo de práctica y de la orientación sexual, ya que el HPV puede transmitirse sin penetración vaginal. A partir de los 30 años se puede sumar el test de HPV.

2. Prevención de cáncer de mama Lo indicado es empezar con mamografía a partir de los 40 años, con o sin ecografía según el caso. Pedir ecografía mamaria antes de esa edad como estudio de rutina no tiene respaldo: no se demostró que sea útil para prevención.

3. Infecciones de transmisión sexual y laboratorio general Si hay actividad sexual, se recomienda un laboratorio de serologías para ITS. A eso se puede sumar un laboratorio más general, como colesterol o glucemia, dependiendo de cada persona. 

4. Salud general La ginecóloga es muchas veces la médica de cabecera de sus pacientes. Por eso el control también es un espacio para evaluar el bienestar general, detectar algo que requiera derivación o tener una mirada integral sobre la salud de cada persona. Tengo formación en medicina familiar, un área que me interesa especialmente y que me permite acompañar a mis pacientes más allá de lo estrictamente ginecológico.


Combos full gineco, controles full: el talle único de la medicina

Un control full con los mismos estudios para todo el mundo trata igual a una persona de 25 años sin antecedentes que a una de 50 con historia de lesiones cervicales. Es como el talle único: le queda bien a muy pocas personas.

Y como vimos, algunos estudios incluidos de rutina en estos combos no solo no ayudan sino que generan sobreintervenciones y angustia innecesaria, algo que está documentado en el Consenso FASGO 2024 sobre control ginecológico en la mujer sana.

(Más estudios no es igual a más tranquilidad. A veces es exactamente lo contrario.)


Qué se hace en un control ginecológico en mi consultorio

En cada control, la indicación de estudios surge de lo que se evalúa de esa persona en ese momento. A veces hay que pedir varios estudios. A veces no. No hay un combo predefinido: se ajusta a la información y las necesidades que cada persona trae.

Cada consulta es distinta. Y eso es lo que me gusta de mi trabajo.

Completo no es pedir más, es indicar lo necesario.