Sí. Los mismos estudios que cualquier otra persona: dependen de la edad, los síntomas y los antecedentes.
Sin embargo, puede haber algunas diferencias. Varias infecciones circulan bastante menos en el sexo entre mujeres que en las relaciones heterosexuales, y hay una, la vaginosis, que se ve más seguido. Eso no cambia qué estudios se piden, pero sí a qué darle prioridad.
La excepción: la vaginosis bacteriana
Es lo que más veo en el consultorio, y coincide con la evidencia: en los estudios comparativos es casi el doble de frecuente que en mujeres con parejas masculinas.
No se clasifica habitualmente como una infección de transmisión sexual, aunque la actividad sexual y el intercambio de bacterias entre parejas tienen un papel importante: se ve con frecuencia que las dos personas de la pareja la tienen. Puede dar flujo con olor, o no dar nada. Se trata a quien tiene síntomas, y no se busca en personas que no los tienen.
Lo que no cambia
HPV. Se transmite por contacto de piel y mucosas, y entre mujeres también. Por eso los controles de cuello de útero son los mismos. Acá podés leer más.
Herpes. Puede transmitirse entre mujeres. En el estudio comparativo más grande que hay no se encontraron diferencias significativas según el género de las parejas.
Tricomoniasis. También puede transmitirse entre mujeres, con transmisión directa documentada entre parejas.
Lo que es menos frecuente
La clamidia, la sífilis y la enfermedad inflamatoria pélvica son claramente menos frecuentes en mujeres que tienen sexo exclusivamente con mujeres. En el estudio comparativo más grande que hay, la clamidia apareció alrededor de ocho veces menos que en mujeres con parejas masculinas.
Sin embargo, menos frecuente no es imposible. Hay casos documentados de transmisión entre mujeres de sífilis y, aunque es muy raro, también de VIH.
¿De dónde salen estos datos? Lamentablemente, se basan en pocos estudios, hechos casi siempre en clínicas de salud sexual, y con definiciones muy variables de qué se considera «mujer que tiene sexo con mujeres». Sirven para ver la tendencia, no para tomarlos al pie de la letra.
El problema de los métodos de barrera
Existen barreras de látex diseñadas específicamente para sexo oral y aprobadas como método profiláctico: campos de látex de buen tamaño, y también una bombacha de látex descartable que no hay que sostener con las manos. El problema es que no se consiguen en Argentina. Se pueden traer del exterior o importar, pero eso reduce la accesibilidad a quienes pueden hacerlo.
Por eso, en la práctica, lo que suele recomendarse acá es hacer un campo cortando y abriendo un preservativo. Es incómodo y casi nadie lo usa. Las encuestas muestran cifras de uso muy bajas, que coinciden con lo que escucho en el consultorio. No puedo decir que sea un dato sorprendente.
Las marcas de preservativos ponen arcoíris en sus cajitas en el mes del orgullo, pero ninguna fabrica campos de látex en la Argentina. La razón más probable es que no consideren que haya un mercado que justifique producirlos.
Y hay algo más: aunque estas barreras tienen todo el sentido como método físico de protección, casi no hay estudios que hayan medido cuánto reducen realmente la transmisión de ITS durante el sexo entre mujeres. Para que quede claro: eso no significa que no funcionen, significa que no sabemos con qué eficacia lo hacen.
Sobre el papel film: no fue diseñado ni evaluado como método de prevención de ITS, y no está sometido a los controles de calidad que sí se le exigen al preservativo. No puede considerarse equivalente a una barrera de látex.
Existe una alternativa argentina, el Vulvarnés, un arnés que sostiene el campo contra la vulva para no tener que usar las manos. Resuelve la incomodidad de sostenerlo, aunque el campo sigue siendo un preservativo cortado. Se consigue a través de su cuenta de Instagram,@vulvarnes.
Sí podemos hacer algo concreto con los juguetes sexuales compartidos: ahí el preservativo funciona bien y es fácil de usar.
Entonces, ¿qué hago?
Como no hay un método de barrera práctico ni bien estudiado para todas las prácticas, la prevención real pasa por otro lado:
- Consultar cuando hay síntomas, sin postergarlo.
- Hacer los controles de cuello de útero que correspondan por edad.
- Testear VIH y sífilis al menos una vez, y repetir ante un cambio de pareja.
- Preservativo en los juguetes compartidos.
- Vacuna contra el HPV si estás en edad de recibirla, y esquema de hepatitis B completo.
Lo que no hace falta es un chequeo especial «de lesbiana», ni estudiar a la pareja por las dudas.
Una última cosa
La razón por la que este artículo hace falta no es que las lesbianas tengan más infecciones. Lo que sucede es que se controlan mucho menos, y eso tiene que ver con las barreras que encuentran en la atención: a algunas les dijeron directamente que no era necesario, y muchas otras postergan la consulta por temor a pasar un mal momento, a que las traten mal o a explicar su sexualidad ante alguien sin saber si las va a entender.
Si te dijeron que no hacía falta que te controlaras, no era cierto. Y si lo que te frena es la experiencia previa, buscá a alguien con quien no tengas que dar explicaciones.
De dónde saqué esto
- Recomendaciones de diagnóstico y tratamiento de las Infecciones de Transmisión Sexual. Sociedad Argentina de Infectología, 2025.
- Algoritmo de manejo ambulatorio de las infecciones de transmisión sexual. Ministerio de Salud de la Nación, 2023.
- Engel JL y col. Arch Sex Behav. 2022;51(5):2651-2665. (Estudio comparativo de Melbourne, más de 36.000 mujeres.)
- Gorgos LM, Marrazzo JM. Clin Infect Dis. 2011;53(Supl 3):S84-91. (Revisión sobre ITS en mujeres que tienen sexo con mujeres.)
- Takemoto MLS y col. Cad Saude Publica. 2019;35(3):e00118118. (Revisión sistemática.)
- Saunders CL y col. J Med Screen. 2021. (UK Biobank, tamizaje de cuello de útero.)
- Richters J y col. Sex Health. 2010;7(2):165-169. (Uso de campo de látex.)
Atiendo en Caballito, CABA. Si querés pedir un turno, escribime al 11 2252-8637.
Dra. Estela Pristupin, MN 76313
IG: @ginecoinclusiva
