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Cuando empecé a ejercer, la ecografía ginecológica era un estudio complejo: no existía la ecografía transvaginal, había pocos equipos y pocos ecografistas. Ni siquiera había ecografía de guardia, así que en la guardia obstétrica, la decisión de si un embarazo continuaba o no, por ejemplo, se tomaba sin hacer una ecografía. Con los años se fue haciendo más accesible y más barata. Y ahí apareció la pregunta: ¿por qué no pedirle a todo el mundo una ecografía, transvaginal y mamaria, si ya no había ninguna limitación para hacerlo? Así se instaló la costumbre de pedir las dos, a todo el mundo, todos los años, como control de rutina.

¿Por qué la ecografía se volvió una rutina?

Muchas veces se pide por costumbre, y por una falsa sensación de que cuantos más estudios se pidan, mejor evaluada queda esa persona. La medicina basada en la evidencia no es algo que todo el mundo conozca a fondo, y además tiene el problema de ser bastante contraintuitiva (mirá todo lo que estoy escribiendo acá para explicar por qué no pedir un estudio). Además, de paso, la ecografía acorta la consulta y da un respaldo legal ante lo que sea que pase después. Pero nada de eso tiene que ver con si a vos, como paciente, te sirve de algo. Más bien te agrega la tarea de pedir un turno, hacer los estudios y volver para llevarlos.

Esto es parte de una discusión más amplia sobre los controles ginecológicos «completos», que ya conté en otro artículo.

Con los años, en medicina empezamos a preguntarnos si esto tenía sentido. Y con la evidencia que hay hoy, la respuesta es que no.

Qué dice la evidencia

Es un tema que se estudió en serio. Tres estudios grandes, con seguimiento de varios años y decenas de miles de mujeres (UKCTOCS, PLCO y el UK Pilot Trial), evaluaron si hacer ecografía transvaginal de rutina, sola o junto con el marcador CA-125, reducía la mortalidad por cáncer de ovario en mujeres sanas y sin síntomas. Ninguno encontró que la redujera. Lo que sí encontraron fue más falsos positivos, y con eso, más cirugías que después no encontraban nada grave.

Con el cáncer de endometrio pasa algo parecido: tampoco hay evidencia de que la ecografía transvaginal de rutina reduzca su mortalidad. En parte porque este cáncer suele diagnosticarse en etapas tempranas de todos modos, ya que casi siempre avisa con un sangrado fuera de lo habitual, que es un síntoma y no algo que dependa de haberse hecho una ecografía por las dudas.

Por eso, el consenso de SOGIBA de 2021 y el de FASGO de 2024 (con tres años de diferencia entre uno y otro) llegan a la misma conclusión: no se recomienda pedir ecografía transvaginal de rutina en pacientes sanas y sin síntomas, porque no está demostrado que sirva. El organismo de referencia en Estados Unidos, el USPSTF, recomienda directamente en contra del rastreo de cáncer de ovario por cualquier método en mujeres sin antecedentes de riesgo, y lo sostiene sin cambios desde 2018.

Con la ecografía mamaria pasa algo parecido: tampoco hay evidencia de que hacerla todos los años, sin ningún síntoma, sirva de algo.

Y en menores de 40 años el argumento es todavía más claro. El riesgo de cáncer de mama no es el mismo a los 20 que a los 60: va aumentando con la edad. Al mismo tiempo, en mujeres más jóvenes el tejido mamario suele ser más denso, y eso lo hace más difícil de interpretar en una ecografía o una mamografía. Si sumamos una probabilidad de partida muy baja a un tejido más difícil de leer, la chance de encontrar un cáncer real es bajísima, y en cambio es alta la de encontrar otras cosas (quistes, nódulos) que después hay que seguir controlando sin que en realidad tengan importancia. Por eso no se recomienda pedir estudios mamarios de rutina antes de los 40 en pacientes sin síntomas ni factores de riesgo.

A pesar de toda esta evidencia, se siguen pidiendo muchas más ecografías de las necesarias. Un estudio de 2024 del Hospital Italiano de Buenos Aires, publicado en la revista Evidencia, revisó casi dos mil ecografías transvaginales pedidas en ese hospital y encontró que 7 de cada 10 no tenían una indicación clínica que las justificara. La mayoría, directamente, se habían pedido como control de rutina, sin ningún problema de por medio.

Esto no significa que la ecografía no sirva nunca. Significa que pedirla de rutina, sin ningún motivo puntual, no mejora nada y sí puede generar problemas nuevos.

Lo que veo en el consultorio

En muchos años de pedir ecografías de rutina, no me pasó encontrar algo grave que realmente valiera la pena haber pedido. Sí me pasó, muchas veces, encontrar algo sin importancia (un nódulo, un quiste, un pólipo) que antes de esa ecografía no existía como problema, y que después sí: hay que controlarlo, seguirlo, a veces sacarlo, y mientras tanto genera preocupación por algo que probablemente nunca iba a molestar. Eso tiene nombre en medicina: sobrediagnóstico. Encontrar algo que, si nunca lo hubiéramos buscado, no habría cambiado nada en la vida de esa persona.

Esto es algo que me preguntan seguido: «¿y si tengo un mioma, un pólipo o un quiste y no me entero?». Antes de responder, hay que aclarar de qué estamos hablando: de una ecografía de rutina, sin ningún síntoma. Si tenés algo que te da síntomas, la ecografía deja de ser de rutina: es para estudiar eso puntual, y ahí sí está justificada.

Cuanto más se busca, más se encuentra, eso es así. Pero la pregunta no es si vamos a encontrar algo, sino si encontrarlo te va a servir de algo. Si tenés un mioma o un pólipo que no te da ningún síntoma y no te molesta, encontrarlo no te va a beneficiar. Probablemente te va a angustiar, y lo único que vamos a hacer, en la mayoría de los casos, es controlarlo.

Entonces, ¿cuándo sí conviene pedir una ecografía?

Tiene sentido pedirla, por ejemplo, cuando hay:

  • sospecha de alguna enfermedad ginecológica, como miomas, pólipos, quistes o endometriosis;
  • embarazo, infertilidad o uso de un dispositivo intrauterino;
  • sangrado fuera de lo habitual, dolor pélvico o cambios en el ciclo;
  • seguimiento de algo que ya se conoce, cuando cambió de tamaño o de características;
  • un hallazgo en el examen ginecológico que conviene estudiar.

No es una lista cerrada, pero da una idea de lo que sí es un motivo real para pedirla. Fuera de eso, no hace falta pedirla todos los años.

Para cerrar

De todos modos, si a vos te deja más tranquila hacerla, si la venís haciendo todos los años y pensás que es parte del control ginecológico, y entendés lo que te explico pero igual la querés hacer, te la pido. No soy dogmática: creo en la autonomía de cada paciente. Y, sobre todo, a mí me cuesta mucho menos escribir la orden que explicar todo esto.

Fuentes