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¿Qué esperar de la menopausia? En la consulta y en las redes parecen circular dos versiones muy distintas.

En una, se aproxima una catástrofe: vas a dormir mal, estar irritable, perder el deseo sexual, tener calores, caer en una depresión y olvidarte de todo. Tu cuerpo se vuelve frágil, hay que intervenir cuanto antes para evitar el deterioro y en cualquier momento podés hacer un mal movimiento y fracturarte la cadera.

En la otra, empieza la mejor etapa de tu vida. Es el momento de descubrirte, dedicarte a vos, recuperar el placer y vivir con una libertad que antes no tenías.

Quizás te reconozcas en alguna de estas experiencias. O por ahí ninguna de las dos tenga mucho que ver con lo que te pasa.

Lo que puede pasar no es lo que te va a pasar

Conocer los cambios que puede traer la menopausia sirve. Puede tranquilizarte saber que algo que notás es esperable en esta etapa y, si no te molesta, no requiere que hagas nada. Si te molesta, reconocerlo puede ayudarte a entender qué está pasando y buscar una solución.

El problema aparece cuando esa información se presenta como una lista de todo lo que te va a pasar.

Las experiencias son muy diferentes. Hay quienes tienen pocos síntomas o ninguno y quienes atraviesan años de molestias importantes. También puede haber períodos más difíciles y otros más llevaderos.

Escuchar a alguien contar que la pasó muy mal puede ayudar a otra persona a ponerle nombre a lo que le ocurre. Esa experiencia merece ser escuchada. Pero no significa que a cada persona le vaya a pasar lo mismo.

Con el estado de ánimo pasa algo parecido. La depresión no es un destino inevitable de la menopausia. Eso tampoco significa que haya que desatenderla: los antecedentes de depresión, las dificultades para dormir y las situaciones estresantes importan al evaluar lo que le está pasando a cada persona. Atribuir todo a las hormonas puede demorar una atención adecuada.

Cuando se mezclan síntomas actuales con enfermedades que podrían aparecer muchos años después, además, es fácil que todo parezca inminente. Hablar de salud ósea y de prevención de fracturas mediante el movimiento y la alimentación tiene sentido. Presentar una fractura de cadera como el próximo capítulo por haber dejado de menstruar, no. El riesgo de fractura se evalúa según la edad y los antecedentes de cada persona; no se deduce solamente de haber dejado de menstruar.

Tampoco tenés que reinventarte

Frente a ese relato aparece otro que propone vivir la menopausia como una oportunidad. Puede traer alivio dejar de menstruar. Puede coincidir con nuevos proyectos o con una forma diferente de vivir la sexualidad. Algunas personas lo sienten así.

Pero no es una tarea pendiente.

No tenés que descubrir una nueva versión de vos ni reconciliarte de golpe con tu cuerpo. Podés tener la cabeza en el trabajo, en problemas económicos o en el cuidado de alguien. Podés no sentir que la menopausia define especialmente ese momento de tu vida.

Si la estás pasando mal, escuchar que deberías disfrutar esta etapa puede dejarte bastante sola. Si la estás pasando bien, tampoco necesitás convertirlo en una historia de transformación.

Que sea normal no significa que tengas que soportar las molestias

Decir que la menopausia no es una enfermedad no alcanza para responderle a quien no puede dormir o tiene dolor con las relaciones sexuales.Sequedad vaginal y menopausia: ¿qué tratamientos existen?

Hay tratamientos hormonales y no hormonales para distintos síntomas. La elección depende de lo que molesta, los antecedentes y las preferencias de cada persona. Pedir ayuda no implica estar viviendo mal una etapa que debería ser natural y maravillosa.

Del mismo modo, atravesar la menopausia no significa que haya que medicarse.

En la consulta importa saber qué te está pasando, cuánto interfiere con tu vida y qué te gustaría cambiar. Dos personas con un síntoma parecido pueden querer cosas diferentes. Una puede preferir observar cómo evoluciona; otra puede necesitar una intervención porque le afecta mucho más.

Una etapa dentro de una vida

La menopausia ocurre en una vida que ya estaba en marcha. No desaparecen la historia personal, los vínculos, el trabajo, las enfermedades previas ni las condiciones en las que vivís.

Tampoco hace falta elegir entre los dos relatos. Podés sentir alivio por dejar de menstruar y que los calores te agoten. Podés tener cambios en tu cuerpo sin sentir que cambió tu identidad. Podés necesitar tratamiento sin vivirlo como una catástrofe.

No hay una experiencia que tengas que cumplir ni un significado que debas encontrarle.

Fuentes bibliográficas